El niño y la pedrada

Koiway

Entre el kilómetro 30 y 35 del maratón de Sevilla de 2017, en la acera de mi derecha había un niño haciendo gestos violentos con los brazos. Al verle imitar aspas de molino con sus brazos, moviéndolos de atrás hacia delante, me sacó del ensimismamiento en el que andaba yo, calculando distancias y tiempos, para distraerme de la sensación de fatiga que ya acusaba la musculatura de mis piernas. Entonces se lanzó la señal de alerta, la misma que sientes cuando alguien intenta cruzar la serpiente de corredores y lo hace justo delante de ti, obligándote a dar un leve salto a un lado y frenar un poco. El niño estaba lanzando piedras, y para cuando la madre, que se encontraba a unos cuatro metros de su retoño, le quiso llamar la atención, ya venía lanzado hacia el lateral de mi gemelo uno de sus proyectiles para golpearme. ¡Ay!

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