Mala suerte, buena actitud

Ya te conté en otra entrada que, debido a la lesión que sufrí en mi gemelo izquierdo, tuve que dejar de correr, así que comencé a usar la bicicleta para no perder fondo de cara a la inminente prueba La pretoriana. En la segunda salida larga que realicé, alejado de cualquier punto de fácil acceso donde pudieran recogerme, sufrí un pinchazo en la rueda trasera. Esa mañana había echado en la mochila una bomba de espuma para pinchazos, y con ella pude hacer una reparación rápida para recorrer los más de 20 kilómetros que me separaban de casa en ese momento.

Un par de días después, cuando los pequeños ya se habían marchado a la cama, aproveché para montar el garaje en el salón de casa y, privándome de un poco de sueño, coloqué una cámara nueva en la rueda trasera. A la mañana siguiente marchaba en bicicleta a la oficina, pues tenía en mi mente la idea de hacer una buena tirada al terminar mi jornada de trabajo, pero aproximadamente a 1 kilómetro de mi destino volví a pinchar. En lugar de dar pedales, lo que hice al salir del trabajo fue arrastrar a mi pobre bicicleta hasta el metro y desde el metro hasta casa.

La dificultad para disponer de tiempo donde realizar entrenamientos, las lesiones que me habían pausado y estos dos pinchazos tan seguidos me parecían un cúmulo de horribles casualidades. Realmente me sentí desafortunado e impotente aquel día, como en una de esas ocasiones en las que notas que todas las circunstancias se vuelven contra un proyecto en el que estás volcando gran parte de tus esfuerzos. Yo, ante estos sentimientos, elegí mantener una buena actitud y seguir. «Seguir»¡que palabra tan significativa para quienes practican un deporte de resistencia!

Con la perspectiva del tiempo, y con algo más de experiencia, concluí que hay más causas que casualidades en este tipo de hechos. Para darte un ejemplo de esto que afirmo, te diré que el segundo pinchazo se debía a mi poca experiencia reparando la bicicleta, y que al revisar detenidamente la cubierta, como debería haber hecho la primera vez, encontré clavada en ella una pequeña y puntiaguda piedra. Aún no sé si participaré en la ultra La pretoriana, y menos aún puedo saber sobre si la completaré en caso de tomar la salida, pero siento que ya he ganado algo: actitud.

 

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