¿Ni un paso más?

Ya te he contado aquí como, la suma de varias circunstancias, me impidieron llegar a realizar La pretoriana en la mejor forma física posible. Uno de los aspectos que más me preocupaban era la fuerza resistencia, y sabía de antemano que, durante gran parte de la prueba, tendría que caminar para preservar la musculatura de mis piernas. No obstante, me dejé llevar por las buenas sensaciones y la emoción al comienzo de la ultra maratón, y corrí rápido hasta el kilómetro 39. Desde ese momento alterné trote y caminata, pero el daño muscular ya estaba hecho, y desde el kilómetro 58, los dolores en las piernas eran tan intensos que me impedían volver a correr.

Caminando pude alcanzar con mucha dificultad el kilómetro 66. Alli, junto la entrada del estadio deportivo donde finalizaba la prueba , me estaban esperando mis padres, mi mujer y mis dos hijos. Tomé de la mano a los pequeños y entramos a la pista de atletismo cuya longitud había que recorrer completa antes de cruzar la meta. Athenea, que es la mayor, tomó mi mano muy motivada y comenzó a correr. Leonardo, posiblemente abrumado por el ambiente, me pidió que lo llevara en brazos para sentirse seguro, y no hubo manera de convencerle para que corriéramos los tres juntos.

Recordando las sensaciones de aquella carrera me sorprendo con lo que somos capaces de hacer. Justo un minuto antes de ver a mi familia, yo estaba convencido de la imposibilidad de correr ni un sólo paso más, pero lo cierto es que corrí durante 400 metros de pista, y subí dos rampas pronunciadas, con Athenea de la mano y cargando a Leonardo, de casi tres años, con un solo brazo ¿Ni un paso más?

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