Origen de tu energía II: Las vías metabólicas anaeróbicas

Koiway

Ahora que ya conoces la molécula ATP, te escribo sobre las diferentes maneras que tiene tu organismo para suministrar esta pequeña batería cargada de energía a tus músculos. Podemos hacer una clara diferenciación en dos tipos de vías metabólicas (modos de conseguir ATP): La que usa el oxígeno de la respiración, o vía aeróbica, y las que no lo necesitan, que son las anaeróbicas. En esta entrada sólo me voy a centrar en las vías metabólicas anaeróbicas.

¿Recuerdas que al quitarle un grupo fosfato a ATP para obtener energía se quedaba en una triste y descargada ADP? Pues bien, esa ADP la podemos recargar con el grupo fosfato que perdió para disponer, nuevamente, de una espléndida batería ATP cargada de energía. Para ello puedes usar una molécula llamada fosfocreatina, la cual donará amablemente el grupo de fosfato que convertirá a ADP en ATP. Todo esto ocurre en el músculo, y el aspecto positivo es, que además de no ser necesario el oxígeno de la respiración para realizar este procedimiento, no se genera el famoso ácido láctico. Es por esto que a esta vía metabólica se la llama anaeróbica aláctica. No obstante no todo son buenas noticias, así que no corras aún al supermercado a comprar kilos de fosfocreatina, porque la cantidad que pueden almacenar nuestros músculos es muy pequeña y, una vez agotada, tendrás que esperar unos 3 minutos, que es lo que tardarás en reponerla parcialmente (¡Claro, el descanso entre series!).

Nos queda una opción anaeróbica que, aunque produce ácido láctico, usa una reserva energética mayor y, por ende, nos puede proveer de energía durante más tiempo. Esta vía metabólica hace uso del glucógeno almacenado en nuestros músculos e hígado para obtener ATP mediante un proceso llamado glucólisis y, debido a que genera ácido láctico como desecho, se la clasifica como anaeróbica y láctica. De nuevo, no es todo tan maravilloso, pues si bien nos otorga más cantidad de energía, tarda más tiempo en obtenerla, y nos veremos obligados a bajar la intensidad del ejercicio para gastar la energía según la vayamos recibiendo por esta vía. Hay que añadir también que el ácido láctico que genera está considerado como uno de los causantes de la fatiga muscular.

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